Cuando hablamos de conservación de los ecosistemas, hay algo que no se puede ignorar: quienes mejor cuidan un territorio son quienes lo habitan. Las comunidades locales, pueblos indígenas y grupos de base son los guardianes de los grandes biomas que sostienen la vida en el planeta.
En la región chiquitana, la convivencia entre humanos y naturaleza es profunda. Allí, el jaguar, al que llaman tigre, no es solo un felino; es parte de su identidad, historia y cosmovisión. Está presente en sus relatos y expresiones culturales.
Pero esta convivencia está en peligro. La destrucción del bioma chiquitano ha generado presiones fuertes sobre su hábitat, empujando a los jaguares hacia zonas pobladas y aumentando los conflictos con comunidades locales.

El turismo comunitario como herramienta de convivencia
Frente a este panorama, las comunidades del municipio de San Javier decidieron actuar desde la propuesta. Apostaron por un camino que les permita convivir con el jaguar, protegerlo y, al mismo tiempo, generar alternativas económicas dignas y sostenibles. Así nació “La ruta del jaguar“, una iniciativa diseñada por las propias comunidades con la participación de la Central Indígena Paikoneka de San Javier (CIP-SJ) y el apoyo técnico de FUNDESOC.
Las comunidades de San Pablo, Santa Ana, Porvenir, El Carmen de Monteverde y Las Abras se sumaron a esta apuesta y trazaron una ruta de turismo comunitario que tiene al jaguar como símbolo, pero también incluye sitios y potenciales turísticos para todo el municipio.

El proceso de creación fue un ejercicio de memoria colectiva y participativa. Se mapearon sitios clave de avistamiento de jaguares, se identificaron atractivos naturales, centros culturales, museos, manifestaciones científicas, artísticas y culturales. Esto les permitió reconocer el potencial turístico y las capacidades de sus comunidades.
Con estos elementos, la comunidad de San Pablo puso en marcha la ruta en una jornada demostrativa combinando turismo social, vivencial y comunitario. Las familias de la comunidad , protagonistas de “La Ruta del Jaguar“, mostraron el arte, danza, música y gastronomía que son parte de la cultura chiquitana, con generaciones enteras dedicadas a estas actividades.

“La Ruta del Jaguar“ es una construcción de las comunidades que esperan les permita mantener viva su identidad y generar ingresos mientras conservan su territorio.
Como lo expresan las palabras de Vania Paine, Cacique de Tierra y Territorio de la Central Indígena Paikoneka de San Javier, a cerca de la jornada demostrativa: “Hemos demostrado el potencial que tenemos como comunidad. Lo que necesitamos ahora son las herramientas, porque las manos y la voluntad de trabajar las tenemos. Esperamos que este proyecto, que es el inicio de un sueño, sea positivo para nuestras comunidades y para los seres que habitan en nuestra naturaleza. Sabemos que esta ruta tiene potencial para generar recursos y mejorar la vida de las familias”, concluyó.

Además, afectadas por los grandes incendios forestales de 2024, que golpearon con fuerza la Chiquitanía, las comunidades conformaron cinco brigadas solidarias que instalaron bebederos y comederos para la fauna silvestre afectada.
Esta respuesta rápida para auxiliar a la fauna silvestre en emergencia, demostró nuevamente que el cuidado, se ejerce desde la práctica diaria de las comunidades, que, cercanas y conocedoras de su territorio, responden de manera organizada y colectiva.
Acerca del programa
En 2024, Fundación Socioambiental Semilla en alianza con Interconexión Eléctrica ISA Bolivia y WWF Bolivia creó el Programa para la Coexistencia entre el Jaguar y la Comunidad.
Este programa apoyó tres proyectos en la Chiquitania que combinan conocimientos locales, un enfoque a largo plazo y Soluciones Basadas en la Naturaleza para la conservación de una especie vital para los ecosistemas: el jaguar.