Estas últimas semanas, mientras el equipo de la Fundación Socioambiental Semilla acompañaba el cierre de varias iniciativas locales, llegaron dos reconocimientos de dos municipios en los que Fundación Semilla ha apoyado 9 proyectos de las comunidades y grupos de base.

El Concejo Municipal de Cuevo otorgó el Honor al Mérito Municipal al director de la Fundación, Eduardo Franco, por el aporte al desarrollo humano de la población Cueveña y el Gobierno Municipal de Ascensión de Guarayos reconoció a la Fundación por su aporte al fortalecimiento de la cultura y la preservación del medio ambiente.

Para Fundación Semilla estos reconocimientos son una expresión del compromiso compartido con las comunidades que, día a día, construyen soluciones frente al cambio climático. Son ellas, conformadas por mujeres, jóvenes, agricultores, líderes y lideresas, quienes han impulsado proyectos con impacto real, capaces de incidir en políticas públicas de sus regiones y transformar la gestión sostenible de sus territorios.

Cuevo: iniciativas del Chaco que siembran resiliencia

“Todo empieza con el Plan de Adaptación Climática”, recuerda Daniel Delgado, de la Fundación para el Desarrollo y la Participación Social, quienes junto a la Asociación de Mujeres del Municipio de Cuevo dieron el primer paso en el municipio para generar este documento de incidencia.

Ese plan marcó un punto de partida. Las comunidades identificaron de forma participativa sus principales desafíos: la escasez de agua, la pérdida de fuentes naturales y la necesidad de diversificar sus medios de vida para hacer frente a los desafíos del cambio climático.

A partir de ahí, el trabajo fue constante mediante 6 proyectos. Las mujeres de la Asociación “Las Cueveñitas“ se organizaron, fortalecieron su asociación y comenzaron a impulsar sus actividades económicas mediante las artesanías. En una comunidad cercana, Mandiyuti, recuperaron saberes locales para cosechar agua y crearon un área de protección que garantiza el uso sostenible de las vertientes. En la comunidad de Kapirenda, instalaron un sistema de bombeo comunitario que hoy alimenta huertos y su atajado comunal.

Entre los logros se encuentran la aprobación del Plan de Adaptación Climática, la promulgación de una «Ley Municipal para la Protección de la Reserva de Agua en la Comunidad de Mandiyuti», y la formalización legal de la Asociación de Mujeres de Cuevo.

Lo que comenzó como un diagnóstico participativo se transformó en una hoja de ruta local para adaptarse al cambio climático, fortalecer la autonomía de las mujeres y asegurar el agua en el Chaco boliviano.

Ascensión de Guarayos: jóvenes revalorizan el agua en la Amazonía

En Ascesión de Guarayos, la historia tomó otro rumbo, pero compartió la misma raíz: el agua. En este municipio, fueron los jóvenes quienes alzaron la voz por la defensa de sus paúros, vertientes naturales que guardan el agua y la memoria del pueblo indígena Guarayú.

“Estos proyectos nacen de una necesidad crucial, por un impacto ambiental de la sequía en el año 2022”, relata Rolando Agreda, joven indígena Guarayú. Con esa motivación, propusieron tres proyectos que combinan la conservación de las fuentes de agua con la recuperación cultural: crearon huertos escolares comunitarios, registraron los saberes de las mujeres, jóvenes y ancianos del pueblo Guarayú sobre el manejo del agua y produjeron un documental que rescata sus historias y conocimientos.

Mediante sus proyectos en esta región, los jóvenes gestionaron y lograron la aprobación de dos leyes municipales: una «Ley Municipal de Protección, Conservación y Restauración de Paúros» y una «Ley de creación y protección del Cordón Ecológico “Yande I Yar“ de la zona urbana de Ascensión de Guarayos».

El hilo conductor: agua y comunidad

Aunque Cuevo y Ascensión de Guarayos están separadas por cientos de kilómetros, una en el Chaco y otra en la selva húmeda de la Amazonía, las une un mismo propósito: cuidar el agua para cuidar la vida.

En ambos territorios, las comunidades demostraron que las soluciones más sostenibles nacen desde lo local. A través de la organización, la participación y el diálogo con los gobiernos municipales, lograron convertir sus ideas en políticas públicas y acciones de largo plazo.

El agua, ese elemento que atraviesa su cotidianidad, se convirtió también en el símbolo de su fuerza colectiva. Cada vertiente protegida, cada paúro recuperado y cada huerto comunitario son testimonio de que el cambio climático se enfrenta con conocimientos y liderazgo locales.