Un programa impulsado por guardaparques y la Universidad Amazónica de Pando, con apoyo de Fundación Socioambiental Semilla, defiende la supervivencia de la peta de río en la Amazonía boliviana.
En el norte de Bolivia, el río Manuripi atraviesa uno de los bosques mejor conservados de la Amazonía. Durante la época de lluvias, sus aguas serpenteantes se expanden e inundan las riberas del bosque amazónico. Meses después, cuando el nivel del río desciende y aparecen las playas de arena, las tortugas comienzan a hacerse más visibles mientras buscan los lugares donde enterrarán sus huevos.
Allí, dentro de la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi, el agua y los árboles centenarios marcan el ritmo de la vida cotidiana de guardaparques, comunidades tradicionales y barracas. Las familias viven desde hace generaciones del aprovechamiento sostenible de frutos silvestres del bosque, como la castaña, el asaí, el majo y la palma real.
Pero incluso en uno de los paisajes amazónicos mejor preservados de Bolivia, las amenazas persisten. La extracción ilegal de fauna silvestre continúa poniendo presión sobre especies clave para los ríos amazónicos, como la peta de río (Podocnemis unifilis), una tortuga de agua dulce vulnerable a la cacería y al saqueo de huevos durante la época de desove.
En las playas del río Manuripi, donde las petas entierran sus huevos antes del amanecer, las huellas humanas suelen aparecer antes que las primeras luces del día. Fue esa preocupación la que llevó al cuerpo de guardaparques de la Reserva Manuripi a impulsar un programa de monitoreo, conservación y repoblamiento de tortugas de agua dulce en el río que da nombre al área protegida.
La iniciativa comenzó a tomar forma en 2023, cuando guardaparques y la carrera de Biología de la Universidad Amazónica de Pando empezaron a trabajar juntos para desarrollar un programa de conservación. Un año después realizaron su primera liberación de tortugas en el río Manuripi. Entre 2025 y 2026, el trabajo continuó con el apoyo financiero de Fundación Socioambiental Semilla, a través del programa “Guardianes de la Amazonía: Protegiendo el Corazón de la Selva”.
El trabajo empieza mucho antes de la liberación. Primero llegan los monitoreos poblacionales. Después, las largas jornadas de navegación para identificar nidos y recolectar los huevos antes de que sean extraídos ilegalmente.
Durante cinco días, dos equipos recorrieron el Manuripi de día y de noche. Finalmente lograron recolectar más de 2.700 huevos, que fueron trasladados cuidadosamente a una playa artificial donde permanecieron monitoreados hasta su eclosión. El proceso se apoyó en experiencias previas de conservación desarrolladas en la Amazonía pandina, pero adaptando las metodologías a las dinámicas propias del río Manuripi.

Mientras avanzaban los recorridos, los equipos seguían encontrando señales de extracción en las playas.
“Habíamos proyectado recolectar tres mil huevos, pero la presión sobre la especie sigue siendo fuerte. Es difícil controlar la extracción en todas las playas”, explica Rolando Toyama, biólogo y responsable de Recursos Naturales de la Reserva Manuripi.
Por eso, el proyecto no se concentra únicamente en incubar huevos de tortuga. También busca fortalecer el vínculo entre las comunidades y la conservación de la especie.
En esta reserva las comunidades y barracas forman parte del modelo de gestión territorial, por ello los guardaparques y la Universidad Amazónica de Pando comenzaron a desarrollar talleres y materiales audiovisuales para compartir herramientas de monitoreo y sensibilización ambiental.
Los “peque peques” (embarcaciones de madera tradicionales) vuelven entonces a recorrer el río, pero esta vez para llegar a las comunidades.
Allí conversan sobre el rol de las tortugas en los ecosistemas amazónicos, enseñan técnicas básicas de monitoreo y comparten la importancia de proteger las playas de desove. Poco a poco, familias y comunarios se integran al programa como parte activa del cuidado de la especie.
“Las comunidades son quienes viven más cerca de las playas y conocen el río mejor que nadie”, dice Toyama.
El equipo también comenzó a observar cómo el aumento de temperaturas podría afectar a la especie. En tortugas como la peta de río, la temperatura durante la incubación influye en la determinación del sexo de las crías, por lo que el calor extremo podría alterar el equilibrio de las poblaciones en el futuro.
Ahora, la carrera de Biología buscará profundizar estos estudios para comprender mejor cómo el cambio climático podría impactar en la supervivencia de la especie en la Amazonía boliviana.
En abril de 2026 llegó finalmente el momento más esperado: la liberación. Más de 2.500 pequeñas tortugas comenzaron a salir de sus recipientes y avanzar lentamente hacia el agua del río Manuripi. Esta vez, más del 90% logró completar el proceso de eclosión.
Cada pequeña tortuga que alcanzó el río, escapó de un destino marcado por el tráfico ilegal de fauna. Ahora, vuelven a dispersarse por el Manuripi, acompañando el ritmo de un río que en cada temporada sigue sosteniendo vida en la Amazonía.
Imagen principal: recorridos en peque peque para el censo poblacional de tortugas de agua. Foto: archivo guardaparques Manuripi