Por: Leocadia Segarra y Dina Aliaga*
Somos Guardianas del Aguaragüe, mujeres que vivimos y cuidamos nuestro territorio. Nuestro mayor problema es la escasez de agua, una realidad que sentimos día a día en nuestras comunidades. En época de estiaje las quebradas se secan, las fuentes de agua y los pozos disminuyen y la vida se vuelve más difícil para nuestras familias.
Desde esa preocupación nace nuestra organización. No fue fácil, muchas veces las mujeres no son escuchadas, y menos cuando hablamos de la defensa del territorio. Cada una tenía sus responsabilidades, el hogar, los hijos, el trabajo diario. Aun así, decidimos unirnos, compartir nuestras experiencias y buscar soluciones juntas.
Actualmente se suma otro problema: la construcción del Túnel del Aguaragüe, un proyecto que atraviesa nuestra área protegida y es impulsado por el gobierno nacional, departamental y regional. En su informe del estudio hidrológico señalan que no habrá impacto en las tomas de agua ubicadas aguas abajo del túnel. Sin embargo, este análisis está lejos de nuestra realidad y nos preocupa profundamente, ya que somos nosotras, las mujeres, quienes cargamos con el peso de la escasez de agua en nuestro territorio.
Hoy trabajamos fortaleciendo el cuidado del territorio desde lo comunitario. No solo hablamos de los problemas, también construimos soluciones. Realizamos talleres para aprender, organizarse y cuidarnos.
Uno de los últimos talleres fue sobre cuidado, autocuidado y co-cuidado. En este espacio reflexionamos sobre cómo la crisis climática afecta nuestras vidas y generamos encuentros donde las mujeres pueden aprender, apoyarse y crecer juntas. Porque quienes cuidan también necesitan cuidado. Entender el cuerpo como territorio es reconocer que cuidarse es parte de defender, y que nadie se defiende sola: nos fortalecemos en red.
El proceso de llevar adelante el proyecto “Proteger el Aguaragüe para conservar el agua” fue uno de los más importantes. Postular a un fondo y gestionarlo representó un gran desafío. No se trataba sólo de acceder al financiamiento, sino también de saber administrarlo, organizar actividades, realizar compras y cumplir con todo lo planificado. Fue un aprendizaje constante, pero también motivo de mucho orgullo, porque demostró que, como organización, podemos asumir esa responsabilidad.
El inicio de los talleres de liderazgo y cambio climático marcó un momento muy significativo. Estos espacios estuvieron orientados a fortalecer la comunicación y a empoderar a las mujeres de la comunidad para que puedan alzar sus voces y dar a conocer los problemas que enfrentamos, así como las razones por las que queremos proteger el Aguaragüe. Al principio, varias pensábamos que no íbamos a poder, pero logramos visibilizar cómo los cambios en el clima afectan nuestras vidas y cómo trabajamos para cuidar nuestras fuentes de agua.
Otro momento importante en nuestro trabajo se dio durante los talleres de elaboración de guiones y recojo de imágenes para redes sociales. En estos espacios aprendimos a tomar fotografías y grabar videos de manera adecuada, utilizando ángulos y planos, así como a construir nuestros propios guiones. Aún es un desafío, ya que no contamos con las herramientas tecnológicas necesarias para desarrollar plenamente estas actividades.
La parte más difícil fue la reforestación en las zonas más afectadas de la comunidad. No contábamos con el equipo de protección personal, como botines o ropa adecuada para realizar caminatas largas en el monte.
La experiencia nos dejó una enseñanza clara: cuando los recursos llegan directamente a las mujeres, las cosas cambian. Las decisiones se toman desde la realidad local, de acuerdo con nuestras necesidades. Los proyectos no se tratan solo de ejecutar actividades, sino de fortalecer procesos, confianza y organización. Eso es lo que permitió el financiamiento: adaptarnos, aprender y avanzar sin perder nuestro enfoque.
Nuestro trabajo es valioso porque nace desde el territorio y para el territorio. Cuidamos el agua, el monte y la vida, pero también nos cuidamos entre nosotras. Entendemos que la defensa del medio ambiente no es solo una acción grande, sino también lo que hacemos día a día.
Mirando hacia adelante, queremos llegar a más mujeres, fortalecer nuestros conocimientos y seguir generando conciencia en nuestras comunidades. Porque tenemos claro algo: cuidar el territorio no es tarea de una sola persona, es un trabajo colectivo.

*Este artículo fue publicado originalmente en el Informe Anual 2025 de Fundación Semilla.